miércoles, 8 de marzo de 2017

MUJERES VIRTUOSAS DE LA DELPA

Mujer virtuosa  ¿quién la hallará?
Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.
Proverbios 31:10
Resultado de imagen para mujer virtuosa reflexion cristianaQue hermosas son las piedras preciosas!!!! Creo no equivocarme que a todas las mujeres alguna vez nos gustaría llevar una algún día, ya sea en un collar, o pulsera o porque no en un vestido. ¿Cuánto valor y cuanta calidad aumenta en una prenda cualquiera, el poseer piedras preciosas incrustadas en su elaboración?
Podemos ver en el texto de Proverbios que el valor de una mujer virtuosa es mucho mayor que el de las piedras preciosas.
¿Qué sería una mujer virtuosa? Una mujer virtuosa es aquella llena de cualidades valiosas, AQUELLA, QUE REUNE  LAS CONDICIONES QUE DIOS QUIERE QUE LA MUJER QUE ÉL CREO TENGA Y ESPERA DE ELLA.  Aquella que agrada a Dios cada día de su vida, que su andar refleja a su Salvador y Señor; que es obediente a su Palabra y llena de gracia.
            Virtuosa es igual a Virtud. Término que denota el conjunto de cualidades internas de una persona, tales como la moralidad, la bondad, el valor y por lo cual adquiere renombre, excelencia o alabanza. La virtud, parece ser una energía esencial en el ejercicio de la fe. El adjetivo virtuoso que aparece en Proverbios. 31:10 significa hacendosa, capaz, digna.
Una mujer virtuosa, es aquella que siempre busca la dirección de Dios para los asuntos de su casa, como la educación de sus hijos, resolver conflictos, como administradora y esposa.
Mujer virtuosa es aquella que pone a Dios en sus negocios pidiendo guía y sabiduría para realizarlos.
Mujer virtuosa es aquella que cuando tiene que resolver alguna necesidad no se deja llevar por los impulsos, sino que medita en Cristo, a fin de conseguir escuchar claramente Su voz.
Mujer virtuosa es aquella que en los negocios de Dios siempre está presente. Cuando hablamos de negocios de Dios hablamos de la Salvación, de la manera en que nosotras como mujeres virtuosas hacemos conocer la Gracia de Dios a los demás. Llevamos la Salvación a nuestro prójimo cuando testificamos de Su amor, (“Y me seréis testigos” Hch. 1:8), cuando nos ponemos en acción por medio de la misericordia a nuestro prójimo, etc.
La mujer virtuosa tiene temor de Dios, esta es la cualidad más importante que puede tener cualquier mujer, temer a Dios no significa tenerle miedo así como el que podemos tener a la oscuridad o al ataque de algún animal salvaje; temer a Dios quiere decir que consideramos siempre que Dios está presente en cada una de las actividades que realizamos día a día, quiere decir que tenemos un profundo respeto hacia Aquél que está pendiente de nosotros y nos ama profundamente, por lo tanto buscamos agradarle en cada uno de los momentos de nuestros días.
Queridas hermanas, hoy se celebra el día Internacional de la Mujer, y como mujeres virtuosas de la DELPA ¿cuál será nuestra forma de demostrar la virtud que Dios puso en nosotras? ¿Cómo le haremos conocer al mundo que Dios está presente en nuestras vidas? ¿ De qué manera haremos brillar esa piedra preciosa que somos?
Quiera nuestro buen Padre bendecirnos siempre y permitirnos estar siempre involucradas en Sus negocios. Dios las bendiga ricamente en este Día.
Diana Kroeger
C.D. DELPA

viernes, 3 de marzo de 2017

Dios las Bendiga!!!



Queridas hermanas en Cristo. El año 2017 ya ha comenzado, es nuestro deseo que estén gozando de días muy bendecidos juntos de la mano de nuestro Padre Celestial.
Durante estos días iniciamos las actividades de la comisión directiva DELPA, con una reunión el 28 de Febrero, con mucho entusiasmo la C.D. está organizando el año para que juntas podamos disfrutar de las bendiciones que recibimos de nuestro buen Pastor Jesús.
Este año es una buena oportunidad para que sintamos también la alegría de crecer juntas, siendo fieles a la vocación que hemos recibido, de sembrar la semilla en el lugar donde Dios nos ha puesto y cumplir con nuestro lema permanente de todas las Damas del Paraguay, "Y me seréis testigos" Hechos 1:8. Así también podremos intensificar nuestras oraciones, para que no falten las vocaciones hacia el ministerio pastoral y para agradecer al Señor el regalo de la vida.
Mis queridas hermanas de la DELPA les queremos informar que nuestra próxima reunión será el 30 de abril, para lo cual están invitadas a enviar sus proyectos misionales, invitaciones a parroquias o si están pensando en la organización de la convención desde ya se lo agradeceríamos puedan ir enviándolo para una mejor organización de la C.D. El correo de la DELPA es delpa1985@gmail.com
Creemos que será un año con muchos desafíos debido a todas las actividades que a nivel iglesia se están organizando en relación a los 500 años de la Reforma, pero confiamos que con la mano de nuestro Padre Celestial podremos salir más que vencedores.
            Les deseamos un año bendecido a cada una de las ligas, estaremos en contacto por este medio.
Nuestro buen Señor las bendiga y las sostenga en su amor.
Diana I. Kroeger de Gerke
    Presidente

jueves, 2 de marzo de 2017

PASTORES - ¿PARA QUÉ?

"Al hablar de 'iglesia', mayormente se piensa en los pastores.
Sin embargo, el pastor está muy lejos de ser 'la iglesia'. Más aún: fomentar el concepto de 'iglesia pastoral' sería incompatible con la verdad del evangelio. Pero sea como fuere; iglesia y pastor evidentemente constituyen un conjunto inseparable.



LOS PASTORES SON UNA NECESIDAD
¿No será que el 'pastorado', tal como existe en la actualidad, es una institución humana - a veces demasiado humana, - fruto de una evolución histórica, incluso no siempre enteramente acorde con las palabras de las Escrituras? ¿No es un hecho por demás evidente también, que en la vida y en la casa del pastor, la gloria y la pena van de la mano como en la vida y la casa de cualquier cristiano?
No obstante, de todo esto no se puede extraer ningún argumento en contra del 'servidor de la Palabra' y su encargo fundamental de ser un mensajero del evangelio. Por ende, nuestros padres, atentos a lo que dicen las Escrituras, afirmaron con palabras claras y sencillas en el Art. V de la Confesión de Augsburgo: 'Para conseguir la fe, Dios ha instituido el oficio de la predicación, es decir, ha dado el evangelio y los sacramentos'. Este Artículo está titulado 'El oficio de la predicación', y para el desempeño de dicho oficio es preciso ser llamado públicamente (CA, Art. XIV). O sea: los reformadores hablan de la 'institución de un oficio' por parte de Dios, y no de una evolución fortuita ni de una arbitraria disposición humana. Prestaron atención cuidadosa y obediente a la manera cómo la santa palabra y voluntad de Dios llegó a los hombres, a partir de los profetas del Antiguo Testamento hasta los apóstoles de Jesucristo en el Nuevo Testamento. Tampoco pasaron por alto el hecho de que en la iglesia cristiana primitiva 'se predica genuinamente el evangelio y se administran los santos sacramentos de acuerdo con el evangelio' (CA, Art. VIII).
Podría preguntarse, y con fundadas razones: ¿Acaso no son todos los cristianos, por virtud de su bautismo y a partir de él, propiedad del Señor Jesucristo, y acaso no tienen todos ellos, por eso mismo, el llamado y la misión de ser mensajeros y testigos de su Señor en palabras y obras, en la vida y en la muerte?
Así es, sin lugar a dudas. Lutero, y también la iglesia luterana, hasta el día de hoy no quitaron una tilde del 'sacerdocio universal de todos los creyentes'. En cierta ocasión, Lutero dijo: 'Todo aquel que salió de la pila bautismal, es un sacerdote'.
¡Ojalá este sublime privilegio fuera un privilegio consciente de todos los cristianos evangélicos, y todos actuasen en conformidad con ello, desplegando personalmente una actividad misional! Muy distinta sería entonces la situación en la iglesia cristiana actual.
Sin embargo, de esto no puede ni debe deducirse que a una persona cualquiera le asista el derecho de apelar al 'espíritu' que siente dentro de sí misma, para comenzar a predicar y a bautizar y a administrar la santa cena como en el momento se lo dicta su entusiasmo - o su vana ilusión. A un proceder tal los reformadores lo sindicaron como 'Schwärmerei' (entusiasmo, iluminismo). Si aprobásemos el actuar de tales personas, ¿dónde quedaría la legitimación, el encargo formal, y ante todo: la seguridad, para la iglesia de Jesucristo, de oír la Buena Nueva genuina de nuestro Señor crucificado y resucitado? Por esto, en la Confesión de Augsburgo se declara: 'Dios ha instituido el oficio de la predicación, es decir, ha dado el evangelio y los sacramentos. Por medio de éstos, como por instrumentos, él otorga el Espíritu Santo, quien obra la fe, dónde y cuándo le place, en quienes oyen el evangelio' (CA, Art. V).
A esto se agrega ahora, en el Artículo XIV: 'Respecto al gobierno (u orden) eclesiástico se enseña que nadie debe enseñar públicamente en la iglesia ni administrar los sacramentos sin llamamiento legítimo'. O sea: el que quiere predicar o 'públicamente' y administrar los sacramentos, tiene que tener un 'llamamiento legítimo'. A este detalle, nuestros padres le asignan máxima importancia, y se remiten para ello a lo que enseñan las Sagradas Escrituras. En primer término podríamos afirmar lisa y llanamente: a Dios y su Palabra no se los puede 'obtener' sin hombre, y son los pastores los que, según el ejemplo de los apóstoles y mensajeros de Cristo, han de ser estos 'hombres'. Y en efecto lo son, si con firme fe en el apoyo y la promesa de Dios se hacen preparar sólidamente y llamar legítimamente para este ministerio. Esto empero significa para quien quiera desempeñarse como pastor: un estudio dinámico y serio de la teología, encarado con sinceridad y diligencia, y la disposición consciente de consagrarse de por vida a este servicio difícil. Tiene que permitir que lo sometan a un examen riguroso para descubrir si está dispuesto a dar el SÍ incondicional (suscripción 'quia') cuando en el acto de la ordenación se le recuerda en presencia de la congregación lo que las Escrituras dicen con respecto al ministerio de la iglesia, Mt. 28:18-20; Jn. 20:21-23; 2 Co. 5:18-20; Ef. 4:11-13; 1 Ti. 3: 1-7; 1 Ti. 4:12-16.
Sólo después de que el ordenando respondió con un 'Sí, con todo mi corazón, mediante la ayuda del Señor por el poder y la gracia del Espíritu Santo', el oficiante le dice: 'Te encomiendo el sagrado oficio de la palabra y los Sacramentos; te ordeno y te consagro ministro de la iglesia: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Ritual Cristiano 1964, pág. 105). Así o con palabras similares es como se le llama a uno legítimamente a ejercer el ministerio público.
PROFESIÓN: PASTOR
Se dirá: 'Muy bien; pero hay muchos que se deciden por el estudio de la teología sólo porque estiman que es una buena manera de ganarse el pan de cada día'. Es verdad, así como es verdad que existe también el otro extremo, que no por extremo debiéramos considerar objetable, a saber, que uno u otro sienta de pronto un llamado interior irresistible que le impele con toda decisión a abrazar la carrera teológica. El camino que Dios elige para llevar a una persona a una certeza interior definitiva, es un misterio exclusivo de la sabiduría divina que no nos corresponde tratar de dilucidar. Lo que a mí me tocó en lo íntimo fue la observación de un teólogo católico (Karl Rahner): 'Nuestra profesión es un sentirse llamado constantemente' (Unser Beruf ist eine nie endende Berufung). En verdad: ¿cómo un pastor podrá llegar algún día a ser 'perfecto' (en el sentido de 'acabado, sin que falte un detalle') en su vida y en su servicio? Durante toda su vida deberá seguir siendo alumno en la escuela de Dios, tan rica en tribulaciones de toda índole.
Es casi interminable la lista de cualidades que debe reunir, y de cosas que debe hacer el pastor en el desempeño del 'ministerio de la reconciliación' (2 Co. 5:18) y al 'predicar la palabra de la Cruz' (1 Co. 1:18). Debe ser un predicador fiel y un buen consejero espiritual. Debe instruir y guiar a la congregación. Debe ayudar y consolar. Actúa frente a la pila bautismal, y frente al altar. Bendice a los que acaban de contraer enlace, y anuncia la palabra de la resurrección junto al sepulcro. Debe ser una persona bien ambientada, 'con ambos pies en la tierra', como quien dice.
Tiene que habérselas con los pobres y con los ricos, con patrones y obreros, con gente que corre peligro y con gente que vive al margen de la 'sociedad respetable'; y no por último, con la diaconía y la misión y toda suerte de obras de caridad cristiana. ¡Qué responsabilidad más grande si quiere dedicarse a este cúmulo de tareas con temblor y temor, pero también con gran gozo! Lutero dijo cierta vez: 'Se llega a ser teólogo no mediante el entendimiento intelectual, la lectura y la especulación, sino mediante el vivir, más aún, mediante el morir y el experimentar los horrores de la condenación'. Y Klaus Harms, distinguido predicador del siglo pasado (s. XIX), al ordenar a sus pastores lo hacía con estas palabras: 'Te saco del mundo y te consagro al servicio de Dios. No digas la Palabra a nuestro tiempo; antes bien, di a nuestro tiempo la Palabra de la Eternidad'. No cabe duda: el oficio del pastor es el oficio central entre los distintos oficios y servicios de la iglesia de Jesucristo. Nadie podrá negarlo: los pastores son una necesidad. La iglesia no puede prescindir de estos servidores y su amplísima gama de actividades. Hay pastores no sólo al frente de congregaciones locales, sino también en otras áreas de servicios especiales (hospitales, cárceles), en la escuela, en la obra juvenil; y precisamente por su dignidad y amplitud, el oficio de pastor se ve expuesto a muchos peligros.
¿SEÑOR O SERVIDOR DE LA IGLESIA?
Al plantear esta seria disyuntiva queremos recordar a todo pastor que él no es ni debe ser un 'virtuoso religioso' (como decía Schleiermacher) ni un inteligente experto en cuestiones religiosas, sino el servidor fiel del evangelio de Dios. La médula empero de este evangelio es el perdón gratuito de los pecados otorgado por Dios por causa de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Este perdón de los pecados es de importancia vital para el pastor mismo; y si hay alguien que diariamente necesita un Dios misericordioso, ese alguien es el pastor que toma en serio su cometido, más si esto es así, resulta del todo descartado el querer elevarse por sobre los feligreses con la pretensión de gobernarlos como señor. La iglesia tiene un solo Señor, una sola Cabeza: Cristo. Un pastor de verdad es un 'siervo' de su Señor y de su congregación, de lo que se desprende que sin su congregación y sin su Señor, él no es nada. No posee tal cosa como una cualidad 'espiritual' superior, o una 'órdenes mayores' como las enseña la iglesia católica romana. Por esto tampoco damos a nuestros pastores el título de 'sacerdote' como lo hacen algunas otras iglesias. No se nos ha dado el encargo de ofrecer sacrificios, pues esto lo hizo Cristo una vez por todas al ofrecerse a sí mismo como sacrificio en la cruz (Heb. 7:27). Este es también el motivo por qué en la iglesia evangélica debiera evitarse el uso del término 'laico', a menos que se lo entienda en el sentido original del vocablo griego 'laicos' de 'laós', pueblo: un 'laico' es entonces 'uno que pertenece al pueblo de Dios'. Cada miembro de la congregación tiene con Dios una relación tan directa como el pastor. No obstante existe una diferencia en cuanto al encargo.
Al servicio especial pertenece también la dirección, ejercida junto con lo que llamamos 'mesa directiva', de la congregación -por supuesto, una dirección 'non vi sed verbo', como lo formuló Lutero, es decir, no con la fuerza sino con la palabra. Para esto se necesitan pastores que saben permanecer pacientes y amables incluso en situaciones críticas; que se esfuerzan por comprender donde otros sólo atinan a menear la cabeza; que no sólo predican sino también practican la caridad; que saben combinar tolerancia, decisión y mesura; que no temen dirigir la mirada al pasado ni al futuro.
LOS PASTORES TAMBIÉN SON SERES HUMANOS
Pero ¿cómo podrán los pastores identificarse plenamente con su medio ambiente, conocer la vida con todos sus interrogantes y problemas mayores y menores, y estar capacitados para dar respuestas y orientaciones fundadas en la palabra de Dios, a menos que compartan las dificultades y promesas, los dones y las tareas que son comunes a todos los cristianos en las diversas situaciones existenciales? Esta reflexión motivó a nuestros padres reformadores a rechazar el celibato obligatorio impuesto a los sacerdotes (Confesión de Augsburgo, Art. XXIII), para lo que se basaron en el testimonio de las Escrituras, 1 Ti. 3:2 : 'El obispo sea marido de una sola mujer'. En la cristiandad primitiva, esto era la norma. Sólo la Edad Media implantó la ley del celibato sacerdotal. El matrimonio es una institución divina (Gn. 2:24), y ninguna instancia humana está autorizada para emitir leyes que invaliden un mandamiento de Dios. Es por eso que los pastores evangélicos por regla general están casados.
De esta manera, el pastor comparte las alegrías y las penas con cada familia de su congregación. Conocedor de los problemas matrimoniales y generacionales, por estar viviéndolos en su propio hogar, está en condiciones de actuar como experto, como consejero espiritual, como persona capaz de gozarse con los que se gozan, y de llorar con los que lloran, porque lo que les tocó a otros, le tocó o le está tocando también a él. En su congregación, él es un pecador entre pecadores; pero al igual que su congregación, él es 'recibido a misericordia' (1 Ti. 1:13, 16), justificado y renovado mediante la gracia de Dios que lo acompaña en su camino hacia la meta. Por otra parte, puede abrigar también la firme esperanza de que el Dios viviente hará de su testimonio una 'dynamis' cuándo y dónde le place. Para esto no necesita una dignidad pastoral artificial, ni tampoco una aureola especial. Aun cuando llegue a ocupar cargos directivos en la administración eclesiástica, sigue siendo pastor servidor de la palabra (CA., Art. XXVII 'La potestad de los obispos'). Su encargo le basta.
Ser pastor es el servicio más sublime y más difícil que hay en el mundo, cargado de responsabilidades y también de tribulaciones, o como lo expresara Lutero: 'Oran y son auxiliadores y salvadores, más aún, señores y dioses del mundo. Son también las piernas que sostienen al mundo entero, por lo que el mundo les da también la recompensa correspondiente, oprimiéndolos, despreciándolos, haciéndolos caminar por el barro'. Por esto, el oficio de pastor tampoco es un oficio al que uno se lanza para hacer carrera. Decía el refrán de un canto que describía la situación del pastor en la Guerra de los Treinta Años: 'Le hacen tirar el pesado carromato, y todos le tienen por insensato'. Estas duras palabras no significan ni más ni menos que esto: También el pastor de nuestros días debe saber qué significa 'seguir en pos de Cristo', y qué quiso decir el Señor con las palabras: 'Donde yo estoy, allí estará también mi servidor' (Jn. 12:26). Este es el fundamento que da sostén al pastor, no su 'dignidad', ni su posición social, ni su saber, ni su inteligencia, ni su vitalidad. Cuando hoy se le pregunta: '¿Qué es un pastor'?', bien puede responder: 'Un pastor es un mendigo que puede decir a otro mendigo dónde puede conseguir pan' - el Pan de Vida (Jn. 6:35, 48). Y esa pregunta por el Pan de Vida la hacen los hombres desde el comienzo mismo de la humanidad".
Georg Lanzenstiel / Munich.
Trad. E. Sexauer,
en "Revista Teológica", Nº 124, 1986,
Seminario Concordia, Buenos Aires.

La Cuaresma

EL MIÉRCOLES DE CENIZA
Señala el inicio de la Cuaresma. Las cenizas que son puestas en sus frentes en la forma de la cruz nos recuerdan nuestro pecados sucios que fueron puestos sobre Jesús, cuando el murió en la cruz por nosotros. La cruz de ceniza en nuestra frente también nos recuerda la primera vez que la señal de la cruz fue hecha en nuestros cuerpos en el Santo Bautismo.
El miércoles es llamado de "cenizas" por ser un día especial de arrepentimiento. En el Antiguo Testamento el vestir ropas ásperas y cubrirse de cenizas simbolizaban arrepentimiento, indignidad y total dependencia de la gracia y la misericordia de Dios. La primera mención de ceniza en este sentido la encontramos en Gn. 18:27 cuando Abraham se dirige a Dios intercediendo por los habitantes de Sodoma: "Me atrevo a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y cenizas". También el profeta Daniel volvió su rostro a Dios, "buscándole en oración y ruego, ayuno, cilicio y ceniza" (Dn. 9:3). Jesús, al hablar de las ciudades en las que predicó e hizo milagros, pero no fue oída su palabra ni se arrepintieron, dice: "Ay de ti, Corazín,... porque si en Tiro y en Sidón se hubiesen hecho los milagros que se hicieron en ti, hace mucho que ellas se habrían arrepentido, y estarían sentadas en cilicio y ceniza" (Lc. 10: 13).
Tiempo después, en algunos lugares en la iglesia primitiva la fiesta de resurrección del Señor era anticipada con por un ayuno de 40 horas, simbolizando las horas entre la crucifixión y la resurrección. Tiempo después el período fue ampliado a una semana: la Semana Santa. A fines del siglo VI d.C., el período de la Pasión iniciaba "el miércoles de ceniza", formando de esta manera un período de exactamente cuarenta días (de ahí el nombre "cuaresma"), excluidos los domingos. El número 40, además de las 40 horas, recuerda los 40 días de ayuno y tentación de Cristo en el desierto (Mt. 4:1-11).

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LA CUARESMA
¿Qué es la Cuaresma? La Cuaresma es la época de la Iglesia que dura 6 semanas. Comienza el Miércoles de Ceniza y termina el día antes del Domingo de Resurrección. No contando los domingos, esto suma cuarenta días. Estos cuarenta días nos recuerdan la tentación de Cristo en el desierto (Mateo 4: 1-11). En Cuaresma recordamos la fidelidad de Dios hacia su pueblo y cómo su fidelidad es completa en Jesucristo, nuestro Salvador. Jesús se mantiene fiel a nosotros, siempre estando donde él promete estar: en su Palabra y Sacramentos.
El período de la Cuaresma es una época en la que toda la cristiandad se detiene para contemplar y meditar sobre el sufrimiento de Cristo por nuestros pecados. Es un período sin fiestas, de arrepentimiento y contrición, en preparación para la celebración mayor entre todas las fiestas: la Pascua.